“Vivo angustiado…”
Probablemente el título de este artículo sea una de las frases más repetidas en
consulta. Si a esta aseveración le agregamos “…el corazón me palpita, siento mareos,
me sudan las manos, estoy todo el día en constante alerta…” la mayoría de los
profesionales coincidirán en que nos encontramos , al menos, ante un trastorno de
ansiedad y sólo el avance de las sesiones determinará qué trastorno de ansiedad en
concreto tenemos ante nosotros.
A pesar de lo cotidiano del asunto, la persona que lo sufre es muy reacia a compartirlo
ya que piensa que es algo inusual y extraordinario. Las últimas investigaciones ponen
de manifiesto que , según los datos proporcionados por la Universidad de Virginia, unos
40 millones (18,1%) de estadounidenses adultos entre 18 y 54 años padecen cada año
algún tipo de trastorno de la ansiedad. Pero no hace falta ir tan lejos, en España, la tasa
de población adulta afectada por algún tipo de trastorno de ansiedad alcanza el 20%
(casi 2 de cada 10 españoles), siendo las mujeres españolas las más afectadas (hasta
casi el doble según el último Consenso Español sobre el Trastorno de Ansiedad
Generalizada). Si tenemos en cuenta estos datos, parece difícil pasar por esta vida sin
padecer algún tipo de cuadro ansiógeno. Vistos los datos, cabe preguntarse donde
acude esa población ( estamos hablando de millones de personas ) a solucionar sus
problemas de ansiedad. Las hipótesis son , bajo mi criterio, variopintas. La gran mayoría
continúa con la sintomatología a lo largo de toda su vida con pequeños alivios en forma
de consumo discontinuo de ansiolíticos. Otros, directamente, deciden “tirarse al raso” e
ingieren ansiolíticos como el que come pipas. También podemos encontrar una nueva
especie, los Internet-solutions. Este segmento ,en concreto ,es altamente peligroso para
ellos mismos y sus familiares. Intentan buscar soluciones divinas en la gran red sin
saber que están alimentando, aún más si cabe, su obsesión. No tan peligrosos pero si
especialmente curiosos son los “mega naturistas”. Estos son como los “comeorfidales”
pero permutan la química por frutos y bayas del bosque que ya nacen de la tierra para
ser ingeridas y provocar un estado de “relaxing cup of café con leche” al instante.
Menos “graciosos” son los que, para eliminar la sintomatología, al menos
temporalmente, deciden visitar bares y pubs ávidos, éstos, de servir toda suerte de
bebidas alcohólicas que puedan aplacar su ansiedad. A eso podemos agregarle, y por el
mismo precio, a un camarero “escucha embriagados” con respuestas estándar del tipo
“ Es lo que tiene..”, “ tengo un primo con el mismo problema” o “ eso va a ser del riego”.
Los más avanzados de este sector “saltan” directamente a los supermercados de la
droga servida ultra adulterada y a domicilio con una simple llamada desde su
“camellomovil”. Otros nos sorprenden desde el silencio y deciden poner punto y final a
su vida sin , ni siquiera, haber tenido un hombro al que contar su desgracias. Como
podrán observar la fauna es diversa pero esa fauna está compuesta por todos nosotros.
Usted lector y yo autor, los primeros.
Afortunadamente hay otra parte de la población que, bien aconsejada o bien pensada,
decide acudir a un profesional y comenzar a solucionar sus problemas con criterio. Ese
criterio es la Psicología Clínica. Disciplina con un amplio consenso científico y de
demostrada eficacia particularmente la Terapia Cognitivo Conductual.
Miguel Ángel González Medina
Psicólogo.

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