Corre y huye de tu ansiedad.

La ansiedad es un mecanismo que nuestro cuerpo utiliza para ponernos alerta ante la previsión de un ataque externo. Antropológicamente todos estamos programados con este recurso y no por casualidad, precisamente ha sido una de las bases de la perpetuación de la especie humana (Teoría de la Evolución de las Especies, Darwin 1858). Gracias a ello el ser humano y sus ancestros eran capaces de mantenerse alejados de los peligros y así asegurar la reproducción y el cuidado de la prole. Definido así, no tendría porqué entenderse como algo negativo sino más bien al contrario, pero la realidad de la sociedad actual es bien distinta. Hoy sabemos que este recurso ancestral no siempre actúa como nos gustaría y que puede, incluso, converstirse en desadaptativo. El espectro de trastornos de ansiedad es muy amplio, padecemos fobias, obsesiones, pánico etc. pero todos con un denominador común, un temor irracional. Para ilustrar este artículo vamos a referirnos al trastorno de pánico. El trastorno de pánico es una enfermedad real caracterizada por ataques repentinos de terror, usualmente acompañados por una sintomatología desagradable como latidos fuertes del corazón, sudor, debilidad, mareos, o desfallecimiento. Durante estos ataques, las personas con trastorno de pánico pueden sentir calor o frío, hormigueo en las manos o sentirlas adormecidas; así como experimentar náuseas, presión pectoral o sensaciones asfixiantes. Los ataques de pánico producen una sensación de desrrealización, miedo a una desenlace fatal o miedo a perder el control. La persona también siente miedo ante la imposibilidad de poder explicar esa sintomatología física y por ello piensan que podrían estar a punto de morir.

Coincidirán conmigo al pensar que la posibilidad de una muerte repentina debe ser una sensación terriblemente desagradable. El hilo conductor de todo este proceso desadaptativo es la incorrecta interpretación de las sensaciones y el descontrol del pensamiento, por ello es necesario hacer una intervención que nos lleve a saber calibrar en su justa medida las sensaciones corporales y su control. Para ello es importante descubrir los pensamientos erróneos y hacer el esfuerzo de exponernos a esas sensaciones hasta que se produzca la habituación necesaria, y la consecuente reducción de la ansiedad, así como usar ejercicios que nos mantengan alejados de pensamientos obsesivos sobre nuestro cuerpo. En este caso la relajación profunda será otro aderezo para la terapia.

La sociedad está cambiando y con ella nuestros hábitos. Desde las consultas de psicólogos y médicos hace años que decidimos “enviar a correr” a nuestros pacientes conscientes de los grandes beneficios físicos y psicológicos. En concreto en el trastornos de ansiedad, y en pánico específicamente, es fundamental este ejercicio, ya que es capaz de facilitarnos tanto la exposición a sensaciones, como la desviación del pensamiento. Para ello, siempre recomendamos que este ejercicio se realice en grupo y hablando puesto que es ideal tanto mejorar nuestro capacidad de resistencia como para la desviación del pensamiento obsesivo sobre las sensaciones de nuestro cuerpo.

Otras bondades de esta práctica deportiva son , por supuesto, la aparición de péptidos opioides como las endorfinas. Este conocido neurotransmisor está relacionado con la sensación de bienestar y consecuentemente asociado a la felicidad.

Además de lo nombrado, “amueblar” nuestra mente con un calendario de práctica deportiva será el camino más corto para convertirlo en un hábito de vida.

Por último comentar que antes de iniciar la actividad es inevitable realizar un completo examen físico y seguir los consejos de un entrenador personal que nos aconseje en el inicio de la actividad.

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